
Nota de editor: Esta es la quinta parte en la serie de artículos de Consejo Bíblico No Diluido: Conoce a Dios por medio de sus nombres. (El Señorio de Cristo).
El tema a tratar hoy es sobre el señorío de Cristo, el cual es un tema importante y poco entendido, y la falta de conocimiento de este tema ha llevado a muchos creyentes a hablar de Cristo como Señor, pero de manera superficial y con poca comprensión. Es muy común escuchar a muchos creyentes confesar a Cristo como el sanador, el proveedor, el libertador, el protector y algunos sinceramente como el salvador, pero cuando se les pregunta: ¿Es Cristo tu Señor? responden: ¡Creo que todavía no! Y en otros casos, responden que ¡es Señor pero en parte!, o sea que de algunas áreas, pero no es Señor de todo su ser.
Esto es preocupante, especialmente porque al no ser Cristo el Señor, en este caso, y principalmente en el caso de los hombres que son cabeza del hogar, Cristo potencialmente no será el Señor de su casa, esto es, de su esposa, de sus hijos; así también, difícilmente será Señor de la iglesia y de muchas áreas de la vida social (será parcialmente Señor de algunas áreas de la vida o no lo será); pero ojo, ¡si Cristo no es Señor, difícilmente será verdadero Salvador! Esto no es salvación por obras; sino que, decir que Cristo es Señor, es una evidencia verdadera de la presencia del Espíritu Santo y evidencia verdadera de una fe salvífica. (1 Cor. 12:3)
Juan Calvino dijo: “Solo la fe salva, pero la fe que salva nunca está sola”. Y yo añado: “Se necesitará una confesión genuina y verdadera de Cristo como Señor, arrepentimiento y evidencia de obras, no para ser salvo, sino para evidenciar que la fe que hay en nosotros es una fe en Cristo salvadora”. Ahora bien, el propósito de este mensaje es que juntos podamos no solamente conocer y entender sobre el señorío de Cristo, sino que podamos confesarlo verdaderamente como el Señor de todo nuestro ser.
2:9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
2:10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre.
Filipenses 2:9-11 RV60
La iglesia de los Filipenses fue la primera iglesia fundada en Europa (Macedonia) por Pablo, en su segundo viaje misionero, cuando, impulsado por una visión sobrenatural que tuvo, mientras estaba en Troas (Hch 16:8-10), llegó a Filipos, y su primer acercamiento para fundar la iglesia fue con una mujer llamada Lidia, una comerciante rica, que estaba junto con otras mujeres a la orilla de un rio, esta mujer se convirtió en creyente; después de que Pablo y Silas van a la cárcel por enojar a los filipenses por el acto de liberación de una mujer que solo se sabe que era adivinadora, y luego de que sus amos se enojaran con Pablo por dicha liberación y después de ser azotados, se encuentran con un carcelero Romano que se convirtió al evangelio de Jesucristo, porque él fue testigo de la liberación milagrosa de Pablo y Silas de la cárcel después de un terremoto, quien así mismo, no solo abrió su corazón al evangelio sino también las puertas de su casa.
El escritor de esta carta a los Filipenses fue el Apóstol Pablo, quien se encontraba con Timoteo su hijo en la fe y quien seguramente le ayudo a escribir la carta, Pablo estaba en ese tiempo, en su primer encarcelamiento en la prisión en Roma, cerca del año 61 d. C. Pablo escribió a los santos de la iglesia de los Filipenses, esto es, a todos los creyentes junto con su liderazgo, esto último, por la referencia a sus obispos y diáconos. La carta a los filipenses, fue enviada por medio de Epafrodito, quien primeramente había sido enviado por la iglesia de los filipenses para llevar una contribución financiera y generosa a pablo, mientras estaba preso en Roma y para que ayudara a Pablo en sus necesidades. Al llegar Epafrodito a Roma y a Pablo, este enfermó casi de muerte, pero por la gracia de Dios Epafrodito se recuperó y Pablo lo envió de regreso a Filipos, a la iglesia de los filipenses junto con la carta.
Con la escritura de esta carta, primero que todo, Pablo quería agradecer por el cuidado financiero que los filipenses habían tenido para con él, informar del regreso de Epafrodito, contarles de su encarcelamiento en prisión en Roma, pero las dos razones más importantes, eran para exhortarlos a la unidad y advertirles de los falsos maestros.
En el texto de hoy, veremos cómo Pablo, ante el egoísmo, ambiciones y rivalidades de algunos de los filipenses que traía desunión, y el levantamiento de la oposición de los judaizantes y los gnósticos, hace un llamado con urgencia a los filipenses a considerar el ejemplo de humildad de Cristo para estar unidos y el señorío de Cristo, y lo hace mediante un himno maravilloso, que no se sabe si fue escrito y compuesto antes por algún personaje de la iglesia primitiva o por Pablo mismo, pero que al final nos revela a Cristo como Señor. Al final, el Apóstol Pablo, como propósito final, invita a los filipenses a iniciar una búsqueda de la semejanza de Cristo en sus propias vidas, rindiéndose ante el señorío de Cristo, esto, como evidencia genuina de salvación verdadera y de crecimiento espiritual.
Con la escritura de esta carta, después de saludar a los Filipenses, Pablo quería contarles de su encarcelamiento en prisión en Roma (Filipenses 1:12-13); también quería contarles de la oposición que vivía por quienes querían añadir aflicción a sus prisiones (Filipenses 1:15-16), otra razón importante era para exhortarlos a la unidad (Filipenses 1:27-30; 2:1-5), revelar a Cristo como Señor (Filipenses 2:6-11), enseñarles a ocuparse de su salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12-18), informar del regreso de Epafrodito (Filipenses 2:19-30), advertirles de los falsos maestros (Filipenses 3), les enseña a esta firmes y gozoso (Filipenses 4:1-7), agradecer por el cuidado financiero que los filipenses habían tenido para con él (Filipenses 4:10-20).
Hermano, tú puedes decir que no hay egoísmo en ti o a tu alrededor, ni ambiciones o rivalidades que traen desunión entre tú y los tuyos, y tampoco hay oposición de ningún maestro falso en tu entorno como en la iglesia de Filipos; pero, es imperativo que veamos a Cristo como Señor y nos rindamos ante Él, confesándolo con todo nuestro ser para la gloria de Dios Padre.
El Espíritu de Cristo Jesús, por medio de Pablo, nos llama a la unidad, teniendo la misma mentalidad de Él y mostrándonos su humildad sin egoísmo, con el hecho de que siendo el eterno Hijo de Dios desde la eternidad pasada y, siendo Dios igual al Padre y al Espíritu Santo, en esencia y atributos, cuando existió en la segunda persona de la trinidad pre-encarnada; no consideró, en su humanidad, el ser igual a Dios; sino que, se vació a sí mismo, humillándose como hombre sin dejar su deidad y divinidad, pero si haciéndose siervo semejante a los hombres, humillándose a sí mismo, siendo obediente hasta la muerte en su cruz; acto de humillación, que no solo le hizo retomar su divinidad, sino que fue exaltado por el Padre hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre, haciéndolo Señor de todo, verdad ante la cual, todos los seres creados, celestiales, terrenales y los que están debajo de la tierra, deben rendirse y confesar el Señorío de Jesús el Cristo para la gloria de Dios el Padre.
Que tu deseo urgente, sea reconocer la majestad y poder de Jesús Cristo Señor, rendirte en total humillación ante Él, quien es tu dueño, quien es tu rey, quien es el gobernador de tu vida, quien está sobre todo lo creado y es superior a los ángeles, a los seres vivos terrenales y todo ser que está debajo de la tierra, esto es de vivos y muertos.
Un llamado urgente a la confesión del Señorío de Cristo.
I. Los Hombres de Dios deben exaltar urgentemente a JESUS CRISTO como SEÑOR.
Señor: es el segundo título más usado en el Nuevo Testamento para Jesús, después de Cristo. Este título trajo a la iglesia primitiva problemas con el imperio romano, porque era un título que el gobernante de Roma reclamaba; él decía y obligaba a la gente a que lo llamaran: “César kyrios”; “César es Señor”. La iglesia primitiva, aunque estaba comprometida a ser obediente a las autoridades civiles por mandato de Cristo y de los apóstoles, consideraba el título de Señor para Jesús como parte de su mayor credo, y este era que para ellos Iesous ho kyrios, “Jesús es el Señor”.
Habían al menos tres usos de la palabra kyrios “Señor” en el Nuevo Testamento: 1. Era una simple manera de ser cortés con alguien y llamarlo como lo hacemos nosotros ahora diciéndole señor. 2. Se le decía a alguien que había adquirido esclavos, por lo que era dueño de esclavos; por lo tanto, era señor de ellos y era señor por tener esclavos. 3. Era de uso imperial y era el título que César reclamaba, y los cristianos no se lo daban porque, para ellos, Cristo Jesús era el Señor. Este es un término que equivale a decir Yahwe – Adonai en el antiguo testamento como lo vemos en el Salmo 8:1.
Que Jesús fuera su Señor significaba que Jesús era su dueño, pero más que eso, era su dueño y emperador, era su rey y gobernador, el dueño de todo su ser y pertenencias. Uno que tiene autoridad sobre toda la creación, Él es superior a todos los seres celestiales, terrenales y todo lo que está debajo de la tierra.
Jesús es alguien que está exaltado a lo sumo, que tiene un nombre que está sobre todo nombre, y Jesús es esa persona, porque Jesucristo es Señor exaltado por el Padre.
Dos maneras de hacer de Cristo nuestro Señor.
A. Rindiéndonos ante El, en humillación.
Filipenses 2:9-11
2:9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
2:10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre.
El nombre de Jesús fue el nombre terrenal que se le dio al Hijo de Dios en su nacimiento, pero el nombre que es sobre todo nombre, el cual el Padre le dio a Cristo debido a su humillación y sometimiento en obediencia, fue el título de Señor, el cual fue aplicado tanto en su deidad como en su humanidad, en el momento de ser resucitado y alzado a la diestra de Dios el Padre. Toda la creación debe rendirse ante Jesús el Señor; todos los seres creados, celestiales, terrenales y los que están debajo de la tierra deben rendirse ante Jesús el Cristo para la gloria de Dios el Padre. Tú debes doblar tus rodillas e inclinarte ante Jesús el Señor. Él no debe ser Señor en parte, porque Jesús debe ser Señor de todo su ser.
B. Confesándolo como Señor de nuestras vidas.
Filipenses 2:9-11
2:9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
2:10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 2:11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre.
Es urgente que el pueblo de Dios confiese a Jesús como Señor, que confiese a Cristo como su dueño, porque él es tu dueño. Tu fuiste comprado por precio, ahora como Cristo debes glorificar al Padre en el cuerpo y en el espíritu. 1 corintios 6:19-20. Confiesa a Cristo como su Rey, que Jesús sea Rey de Reyes y Señor de Señores en tu vida, familia e iglesia. Apocalipsis 19:16; Jesús debe de ser tu Señor y Cristo, que Jesús sea tu Señor y Cristo. Hechos 2:36; que Jesús sea maestro y Señor, que Jesús sea tu Maestro y Señor. Juan 13:13, pero sobre todo que sea Señor y salvador de tu alma.
Ante el conocimiento de que Dios el Padre exalto a Jesús Cristo como Señor, nosotros, debemos reaccionar a esta verdad, con rendición, confesión del señorío de Cristo en nuestras vidas, familia e iglesia; y además, con obediencia, teniendo la misma actitud de humildad que Cristo mismo nos modelo.
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