
Hace un tiempo atrás, escuché la historia de dos damas, que por cierto eran madre e hija, que mientras estaban en una tienda de la ciudad, conversaban con una persona más, que además era amiga de ellas dos, cuando en la plática surgió el tema de la vida espiritual; y de repente, dijo la hija a la madre: «pero vos, mamá, no cambias para nada», y exclamó la madre en voz alta, como tratando de autojustificarse: «pero es que la vida cristiana es un proceso, ¿verdad?», le dijo a la otra persona que estaba presente, como en forma de pregunta; declaración a la cual contestó la hija con una acusación llena de sarcasmo hacia su madre: «pero vos, mamá, tienes como 20 años de estar en ese proceso y no cambias, tienes mi edad de ser cristiana diciendo que la vida cristiana es un proceso, pero tu comportamiento siempre ha sido el mismo, como el de uno que no es creyente, yo por eso no voy a la iglesia, porque para ser como vos mejor no soy nada».
Si bien es cierto, la vida cristiana después de la conversión entra en un proceso de santificación, el cual es un proceso que se puede representar con una gráfica, donde abajo está la vida de incredulidad, más arriba está el día de la conversión, después de eso está la santificación que dura toda la vida cristiana, la cual es de forma ascendente, donde a veces hay altos y bajos, pero donde nunca deja de ascender hasta llegar a la glorificación, que es cuando morimos o Cristo viene.
Esto lo que nos indica es que el proceso nunca es sin cambio; el proceso no significa que la vida será como la vida anterior, ¡NO!, siempre será de manera ascendente manifestando evidencia de un verdadero arrepentimiento, de odio al pecado y lucha contra el pecado, de una verdadera fe, de una verdadera conversión, de una verdadera vida espiritual, evidenciando el rechazo por las obras de la carne y evidenciando el fruto del Espíritu Santo, que es el fruto de Cristo.
Las iglesias contemporáneas, al estar centradas en la comodidad del hombre, en los números, al estar siendo guiadas por la cultura, pero también, al no estar centradas en la gloria de Dios, al no ser guiadas por la palabra de Dios y por su Espíritu, han sido negligentes al permitir que sus miembros vivan sus vidas como les plazca y no los desafían a cambios de vida radicales, donde atiendan el llamado a hacer morir las obras de la carne y ser guiados por el Espíritu Santo.
Mas, sin embargo, Dios, a través de la Escritura, está llamando fuertemente a su iglesia a estar centrada en Dios, en la Biblia, a recibir todo el consejo de Dios y, por tanto, a permitir cambios significativos que le honren a Él y evidencien claramente que pertenecen a Cristo y que tienen al Espíritu Santo morando permanentemente en ellos.
¿Es importante para usted como cristiano procurar cambios verdaderos y profundos en su vida? ¿Anhela usted ser transformado para Dios a una nueva vida? ¿Es consciente usted del llamado de Dios a evidenciar el fruto del Espíritu?
El pasaje de hoy nos dará pruebas evidentes de lo que es la vida espiritual, y nos desafiara a realizar cambios de vidas radicales que den gloria a Dios.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. Galatas 5:24-25
Desde que el ser humano, el cual fue creado a la imagen y semejanza de Dios, se alejó de Él y se reveló en contra de su palabra desobedeciéndola, inició la culpa por el pecado, a lo que le siguió la muerte eterna y la incapacidad de satisfacer la santidad, la justicia y la bondad de Dios (Gen. 3:1-5), lo que lo llevó a existir en un estado de condenación por amar más las tinieblas que la luz (Juan 3:19) porque sus obras eran malas. Es así que, por toda la Escritura, podemos ver después de esto cómo Dios ha estado llamando a esta humanidad perdida en sus delitos y pecados (Efe. 2:1-4) a la salvación y a la vida eterna por su propia gracia y misericordia; y, a estos que Él salva por gracia y misericordia, podemos ver también cómo los llama a tener cambios de mente que transformen sus vidas y que evidencien que son parte del pueblo escogido de Dios, un pueblo que conoce a su Dios, un Dios que es santo, justo, bueno, poderoso, eterno y que es un pueblo que vive para manifestar la gloria de Dios y que le adora en Espíritu y en verdad.
Eso es lo que Dios hizo con Abraham cuando lo llamó desde Ur de los caldeos, ciudad que estaba en Mesopotamia, donde vivía en una tierra llena de idolatría, y le dijo que dejara su tierra y su parentela y que fuera a la tierra a la cual Dios lo guiaría, haciendo un pacto con él. A lo que Abraham creyó y le fue contado por justicia (Gen 12:1-4). Abraham no solo fue llamado a ser padre de multitudes, sino a una vida que evidenciara la gloria de Dios en medio de un mundo que estaba corrompido por el pecado (Gen 6).
Esto de evidenciar que somos el pueblo escogido de Dios no tiene nada que ver con ritualismo, ni tampoco tiene nada que ver con el emocionalismo, que son prácticas muy comunes en el día de hoy; esto, más bien, está sumamente ligado a llevar una vida entera rendida a Cristo, la simiente de Abraham, a su palabra y a una profunda dependencia del Espíritu Santo, que fue la bendición prometida a Abraham.
Y el pasaje que se estará exponiendo hoy a ustedes, el cual es Gálatas 5:24-25, nos habla acerca de que los que pertenecen verdaderamente a Cristo y tienen en su interior morando la presencia del Espíritu Santo, evidencian un estilo de vida cristiano espiritual genuino, porque ya han hecho morir la obra de la carne con sus pasiones desordenadas y deseos pecaminosos, y porque evidencian que andan continuamente siendo gobernados por el Espíritu Santo.
El libro de Gálatas nos enseña lo que es el verdadero evangelio, y principalmente nos habla de que la justificación y la santificación no son por guardar las obras de la ley dadas por Moisés; sino que son por la fe sin las obras y es por la gracia de Dios, y que, si fue por alguna obra, fue por la obra suficiente de Jesucristo en la cruz del Calvario, que murió por usted y por mí, y no por ninguna obra que reclame mérito humano.
Esto trae libertad, y la libertad viene cuando nos damos cuenta de que no podemos ser salvos por la ley y las obras, y recibimos a Jesús como Señor y único Salvador, confiando en que Él cumplió la ley para darnos esa libertad, sobre el pecado y la condenación que traía la ley, (no sobre la ley, sino sobre la condenación de la ley, porque somos libres por la fe y la gracia de Dios).
El libro de Gálatas nos muestra la senda a la verdadera libertad cuando dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1), una libertad que no es legalismo ni libertinaje; es la libertad otorgada por la obra de Cristo en la cruz, por su sangre derramada que nos redimió, por su Espíritu Santo que nos ha transformado y nos ha dado vida nueva por la fe.
Solo quiero aclarar aquí que todo el que tiene fe y la gracia de Dios lo ha salvado, este está llamado a realizar obras, pero ya no para salvación, sino para evidenciar que ya es salvo, que Cristo es su Señor y que el Espíritu Santo mora en él.
Pablo escribió Gálatas porque, no mucho después de que los gálatas recibieran las buenas nuevas de la verdad del evangelio, surgieron unos agitadores judaizantes que intentaron menospreciar a Pablo y su ministerio, por lo que Pablo escribe para hacer retroceder a los judaizantes que estaban intentando desacreditar la autoridad que se le había delegado a él por Dios, pero también para refutar la enseñanza que estaba mezclada, que decía que la fe y la ley eran necesarias para la salvación y que el creyente solo sería perfecto guardando completamente la ley, por lo que pedían que los creyentes se circuncidaran para poder ser salvos (Hch 15:1), ya que los gálatas eran gentiles incircuncisos.
Los judaizantes, después de que se dieron cuenta de que en esta región los gentiles se convertían a la fe del evangelio sin las obras de la ley y sin la circuncisión (Gal 5:2), llegaron y comenzaron, con su falso evangelio, a hacer que los cristianos gentiles se convirtieran al judaísmo, lo que Pablo aborda en el tema del verdadero evangelio que habla de que la justificación es por la fe en Jesús y es un regalo de Dios que no puede ser merecido, y que se recibe solo por fe, fe que también es dada por Dios para salvación y que es una fe que trae verdadera libertad, donde el cumplimiento de la ley ya no es el requisito para la espiritualidad que agrada a Dios, sino que solo fue un maestro mientras venía Cristo, que es el cumplimiento de la ley y es el fin de la ley.
Recordemos que el contexto del texto que es objeto de predicación hoy inicia en el verso 16, donde Pablo inicia como concluye. (Gálatas 5:16 “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Pablo deja ver el contraste que existe entre la carne y el Espíritu (Gal 5:17), y en el verso (Gal 5:18) dice que los que son guiados por el Espíritu, para ellos no hay ley. Del verso 19-21 muestra las obras de la carne, las que ya no deberían estar gobernando la vida de los creyentes. En los versos 22-23 nos muestra el fruto del Espíritu que deberían adornar espiritualmente la vida de los creyentes: “el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, longanimidad, bondad, benignidad, fidelidad, humildad y dominio propio”.
Y el texto de hoy nos dice: que los creyentes que han entregado su vida por completo a Cristo ya han crucificado todo aquello que es inclinación pecaminosa en ellos, han crucificado todo aquello que es opuesto a la voluntad de Dios y están viviendo una vida sometida al Espíritu Santo, lo cual son evidencias espirituales que los distinguen de los no creyentes y de los falsos creyentes.
El propósito de este mensaje es establecer que las evidencias espirituales son claras en los creyentes que verdaderamente pertenecen a Cristo y tienen en su interior morando la presencia del Espíritu Santo; estos llevan un estilo de vida espiritual genuino porque han mortificado la carne con sus pasiones desordenadas y deseos pecaminosos, y caminan teniendo un estilo de vida habitual que es gobernado por el Espíritu Santo de Dios.
Evidencias Espirituales
Dios, nos muestra en su palabra 2 evidencias espirituales de los que pertenecen a Cristo y tienen en su interior morando la presencia del Espíritu Santo, para que podamos vivir continuamente reflejando el fruto de Cristo en nuestro diario vivir y le glorifiquemos con nuestro actuar.
¿Cuáles son esas dos evidencias espirituales de los que pertenecen a Cristo y tienen en su interior morando la presencia del Espíritu Santo para que puedan vivir continuamente reflejando el fruto de Cristo en su diario vivir?
- La evidencia espiritual de la mortificación de la carne.
- La evidencia espiritual de un caminar continuo en el Espíritu Santo.
Hermanos amados en Cristo, tenemos que tener claro hoy algo, y esto es que “o se es cristiano o no se es, o se es creyente o no se es, o se pertenece a Cristo o se pertenece a otro”, y ¿por qué tenemos que tener claro esto? Bueno, porque hay personas que profesan ser creyentes y realmente no lo son, porque con sus vidas no respaldan su profesión de fe, sino que, por el contrario, lo que evidencian es que no son creyentes, que no han conocido a Dios y a Cristo, y el Espíritu Santo no mora en ellos; por tanto, son sin fruto del Espíritu y la carne los gobierna.
El texto comienza con la siguiente frase “Pero los que son de Cristo.” V24a Este “Pero” con el que inicia nuestro texto indica que aquí Pablo concluye con lo que viene hablando desde el verso 16, referente al contraste que existe entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu; pero, a la vez, nos introduce a la idea de que, si el grupo de hombres de los gálatas a los que dirigió la carta se ha arrepentido de sus pecados y está confiando en Cristo, ahora, en el presente, son de Cristo y el Espíritu Santo mora en ellos para siempre.
Así que, todo creyente que ha creído con todo su corazón, con toda su mente, con toda su alma, es decir, con todo su ser, ya no se pertenece a sí mismo, ya no es dueño de sí mismo, no le pertenece al mundo, ni tampoco le pertenece al diablo. Antes no era de Cristo, era de otros, de sí mismos, del mundo y del diablo, pero ahora son en el presente de Dios, ¡le pertenecen a Cristo!, porque ya fueron comprados, como está escrito en (1 de Corintios 6:20) “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.
Y en (1 de pedro 1:18-19) “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,”.
Esto nos debería llevar a hacernos las siguientes preguntas:
¿Le pertenece usted a Cristo?, ¿Es Cristo su dueño?
Porque si usted le pertenece a Cristo, el texto nos dice que entonces la evidencia que usted le pertenece a Cristo es que usted ha crucificado la carne.Y así mismo, esto nos conecta con nuestra primera evidencia espiritual de esta noche, la cual es:
La evidencia espiritual de la mortificación de la carne. V24
Desde el día de nuestra conversión, recibimos el llamado a glorificar a Dios, porque fuimos creados para la gloria de Dios; el glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestro espíritu debe ser nuestro gran anhelo, pasión y deseo. Mas, sin embargo, el pecado, aunque no nos gobierna a los cristianos, al menos no debería gobernarnos, aún tiene algunos efectos en nosotros mientras estamos en este cuerpo. Aun luchamos con la carne, con las pasiones, con los deseos pecaminosos que surgen desde nuestra mente, que nos invitan a saciarnos en ellos; pero hay una gran diferencia entre los que pertenecen a Cristo y los que son incrédulos, y esto es que los que son de Cristo, primeramente reconocen que en su naturaleza humana están corrompidos y que no pueden hacer nada bueno que satisfaga la justicia de Dios si no es concedido por Dios a través de su Espíritu Santo. No encuentran satisfacción en el pecado, no encuentran placer en satisfacer los deseos de la carne; por el contrario, odian el pecado en sí mismos, sufren por causa del pecado cometido, luchan contra el pecado que les asedia y, cuando fallan en el intento, saben que cuando pecan lo hacen contra Dios; por tanto, no vacilan y se humillan en arrepentimiento y en confesión del señorío de Cristo en sus vidas. ¡Esto es porque saben lo que una evidencia espiritual es!
El corazón del hombre que no pertenece a Cristo esta corrompido (Rom 3:10-12), y es incapaz de espiritualmente de evidenciar frutos, (Mt 7:18; Juan 15:4-5), está muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1-5), sin la presencia del espíritu santo y un desenfreno en satisfacer la carne es estar siendo enemigo de Dios y sin poder agradar a Dios (Ro 8:7-8).
De la única manera que el ser humano sea capaz de mostrar algún bien que glorifique a Dios y sea de bien para los hombres, es que puedan arrepentirse de sus pecados, creer en Jesucristo como Señor y Salvador, y, claven la carne en la cruz del calvario como Cristo lo hizo.
En el verso de (Gal 3:1) Cristo fue anunciado como crucificado por los pecados, lo que creían en Él, su fe los invitaba a romper con la naturaleza pecaminosa.
Las palabras han crucificado está en pasado, pero como esta conjugado aquí, significa que sucedió en el pasado, pero tiene conexión con el presente y son evaluadas en el presente.
Mortificación de la carne es morir junto con Cristo en el día de la conversión, es la crucifixión de la carne, es dar muerte al pecado en nuestra vida anterior, es separación del poder del pecado que gobierna la vida pasada llena de desenfreno, es limpiarse de las obras pecaminosas de maldad que heredamos de nuestros primeros padres, pero también es dar evidencia de eso mismo en el presente; no es que fue en el pasado y ya no tengo que hacer nada, no, no es así, es seguir limpiándome cada día del poder del pecado en el día a día, hasta que muramos o que Cristo venga.
Pablo entendió tan bien esto que escribió en (Gálatas 2:20) y cito textualmente “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí”.
Carne: naturaleza pecaminosa humana. La carne es un instrumento para pecar, es la naturaleza corrupta, es la vieja y malvada naturaleza que surge desde el hombre interior que heredamos de nuestros primeros padres, son los pensamientos, emociones y sentimientos que nos llevan a pecar.
La carne aquí no es las obras extenas aunque al final se manifiestan en el exterior, pero a lo que pablo se refiere es a la interior, es el deseo pecaminos no controlado que el pecado y su consecuencias.
Crucificar la carne es abandonar la vida pecaminosa, romper el domino de la ley y aceptar la gracia de Dios que trae una nueva vida al ser unidos a cristo en su muerte y en su resurrección, es matar la vieja y malvada naturaleza pecaminosa que hay en nosotros, para vivir para Cristo.
La manera en que debemos realizar la mortificación de la carne es junto con sus pasiones y deseos v24b porque la carne tiene muchas pasiones y muchos deseos, las pasiones son los impulsos pecaminosos que obran en el interior. los deseos son los anhelos malvados que animan a las personas a satisfacerlos.
En el creyente la carne ya fue crucificada en el pasado con sus pasiones y deseos, pero eso debe evidenciarse hoy en dia tambien, en lo personal, en el hogar, en el trabajo, en la iglesia, en la vida social.
Los que son de Cristo nunca dejaran de ser de Cristo Juan 10, Si dejaron de ser de Cristo nunca fueron de Cristo. Pero ser de Cristo implica que estos han hecho morir la carne; mortificar la carne implica saber que fue ya clavada en el madero, pero que tengo que dar evidencia de eso aquí y ahora, en mi diario vivir.
¿Esta su carne junto con sus pasiones y deseos clavadas en la cruz?, ¿Puede su familia, dar razón afirmativa de eso?, ¿En su trabajo pueden ver que las obras de la carne están clavadas en el madero? ¿Podrán sus viejos amigos ver evidencias reales que usted es un nuevo hombre o una nueva mujer y ven las obras de la carne que ellos conocieron clavadas en la cruz?
Los creyentes verdaderos deben ocuparse, cada dia mientras vivan en hacer morir la naturaleza pecaminosa que aun hay existe un remanente en el creyente.
Solo déjeme decirle que cualquier método que usted utilice para hacer morir la naturaleza malvada. aparte de la obra del Espiritu Santo, es inútil, solo con la ayuda del Espiritu Santo podremos mortificar la carne para evidenciar que somos de Cristo.
Hermanos, vivan una vida de tal manera que cuando la nube de testigos que los rodean los vea, los vean en la libertad del pecado a la cual Cristo los ha llamado y vean la Cruz, y en la Cruz vean esa vieja y malvada naturaleza que surge desde el interior que heredo por transmisión de nuestros primeros padres, son los pensamientos, emociones y sentimientos que nos llevan a pecar.
Rom 8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia. Que vean su carne clavada en la cruz y a ustedes brillando como luz en medio de las tinieblas, llenos del Espíritu Santo.
Le invito a hacer un compromiso con Dios de cruificar las inclinaciones ecaminosas. A pedir ayuda a Dios para dominar los deseos pecaminosos. Luche activamente en someter su carne con sus pasiones y deseos a la voluntad de Dios, mientras es ayudado por El Espiritu Santo.
La evidencia espiritual de un caminar continuo en el Espíritu Santo v25
La escritura en (Gal 3:14) nos dice que el Espíritu Santo fue prometido a Abraham como una bendición, y de hecho también fue prometido por nuestro señor Jesucristo cuando dijo que enviaría a otro consolador que estaría para siempre (Juan 14:16-17) refiriéndose al Espíritu Santo de la promesa.
Esta promesa se cumplió y el Espíritu Santo vino en el día de pentecostés (Hech 2:1-4) y fueron llenos del Espíritu Santo. Con la venida del Espíritu Santo en la vida de los creyentes, sus vidas nunca más fueron iguales, esto marcaba claramente que el creyente había sido regenerado, había nacido de nuevo en el espíritu; el Espíritu Santo vino a ser el sello de Dios en la vida del creyente (efesios 1:13) y la garantía de la salvación.
Si vivimos en el Espíritu, V25a El inicio de este verso nos muestra una condicional con la palabra “si”, ya que todo aquel que dice ser cristiano y que pertenece a Cristo, la morada del Espíritu Santo debe de estar permanente, si el Espíritu Santo no esta en el cristiano solo ha hecho una profesión de fe de labios para fuera, pero aún no se ha convertido de todo su corazón, de toda su alma, con toda su mente, ya que la morada del Espíritu Santo es una clara y genuina evidencia de la salvación por gracia y de la obra redentora de Cristo.
Rom 8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Por tanto, se espera que todo aquel que se dice ser creyente tenga esta promesa cumplida, posea este sello que lo identifica como cristiano y le asegure la herencia en el Reino de Dios, esto es la morada permanente del espíritu santo Guiando, Gobernando y Bendiciendo su vida con toda bendición espiritual y eterna.
Andemos también por el Espíritu V25b Andar en el Espíritu es caminar rendido en cada aspecto de nuestra vida ante la guía y el gobierno del Espíritu Santo de Dios, es permitir que el Espíritu Santo guie los pasos continuamente. El Espíritu Santo es Dios, andar en el Espíritu es una vida de consagración, caminando en un progreso de santificación hasta que muramos o que Cristo venga para ser glorificados.
Esto es santificación, este es un tema que casi a nadie le gusta escuchar, pero es de muchísima importancia, ya que es la obra del Espíritu Santo en el hombre y la mujer Justificado por Gracia y Regenerado. El que ha entrado en el proceso de santificación no solo se le llama a limpiarse de su pecado, sino a ser limpiado con la sangre de Cristo, y llamado a apartase del pecado y del mundo para vivir para Dios.
Vivir en el Espíritu implica que debemos llevar a la práctica lo que confesamos.
Andemos: esta conjugado en presente, esto implica que si somos deposito permanente del Espíritu Santo, se espera de nosotros que nuestro caminar y actuar, sea uno que es gobernado y dirigido por el Espíritu Santo, en todas las áreas de nuestra vida, en lo personal, en lo familiar, en lo laboral, eclesial y público.
¿Mora permanentemente el Espíritu Santo en usted?
Si su respuesta es sí, entonces ande en el Espíritu, sométase al dominio del Espíritu, permita ser conducido y ayudado por el Espíritu para que en el poder del Espíritu usted pueda vivir para glorificar a Dios con todo su ser. Si usted camina en obediencia y dependencia al espíritu santo mas temprano que tarde se evidenciaran el fruto del Espiritu.
Rom 8:5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
No se ocupe mas de las cosas de la carne lo cual lleva a la muerte, ocúpese de obedecer las cosas del espíritu las cuales son vida.
Rom 8:6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Conclusión
Todo aquel que pertenece a Cristo y que el Espíritu mora y permanece en él, ha llevado todas las obras de la carne a la cruz del madero y lucha cada día con el pecado en sí mismo y ya no vive para agradarse más; sino, para agradar a Cristo que los salvó; junto con la carne ha crucificado sus pasiones y deseos y ahora vive en un caminar continúo evidenciando el Fruto del Espíritu en su vida.
En este texto hay 2 relaciones bien marcadas:
1. Ser y crucificar
2. Vivir y andar
¿Es Cristo su dueño?
Entonces su carne debería estar clavada en la Cruz, no solo sus culpas, sino también todas las obras de la carne junto con sus pasiones y deseos, y debe notarse en usted.
Gál 5:19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
Gál 5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
¿Está el Espíritu Santo morando en usted permanentemente?
Entonces su caminar cotidiano debería estar marcado por un andar evidenciando el fruto del espíritu que es el fruto de Cristo.
Gál 5:23 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
Si usted es creyente y siente que la carne le esta ganando la batalla, recuerde que usted es incapaz en lograr vencer la carne por sus propios meritos, la victoria esta en Cristo y es por el Espíritu Santo y la palabra.
Si usted aun no sabe si a creido de todo corazón en el Señor o no a creido, hoy es el dia para que usted rinda su vida a Cristo y crucifique en la cruz la carne con sus psiones y deseos e inicie una vida gobernada y guiada por Espiritu santo y caminar en obediencia a El.
Dios es santo, el hombre peco, el hombre es pecaminoso y esta condenado, Cristo murió en la cruz, necesitamos responder con arrepentimiento y fe para ser salvos y luego matar la carne y andar en el espíritu evidenciando el fruto del espíritu hasta que cristo venga.
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